Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

jueves, 15 de marzo de 2012

LOS MALDITOS


Caminando hacia la pensión en la que vivo.
Un pie detrás de otro
y detrás
otro.
Y la soledad
es la única mujer
que me espera
al llegar.

Allí estarán:

El tío de la habitación 4:

No le hablan sus hijos,
ni su mujer.
De su habitación
sale una peste atroz
a beoda jubilación.
Ya está
todo recorrido.
Ya está
todo el pescado
vendido.

El tío de la habitación 3:

Te pide un euro
pal café,
su ojo izquierdo
hace tiempo que no ve,
secuelas del accidente
en la mina.
Se mete Prozac, olanzapina y ziprasidona,
el desayuno de los campeones,
antes de regalar su pensión
a las tragaperras.

El tío de la habitación 6:

Tiene síndrome
de Diógenes.
Sólo viene a dormir.
Su habitación parece
un bazar chino,
y ahí se mete
cuando llega apestando a vino.
Uno más
entre sus trastos.

Me meto en mi habitación,
la número 2.
Hace frío
porque el precio del gasoil 
está por las nubes.

Y aquí estamos:
los perdedores
los malditos
los marcados
los vencidos.

Dicen que todo es posible.
Díselo al niño sin piernas
que quería ser Ronaldo,
al chaval sirio escondido
entre cadáveres,
o a mi pequeña gatita
tuerta y sidosa.

El destino nos marca
como a reses,
un dedo desde lo alto
nos señala.
"Ya está
todo el pescado
vendido,
y estos son
los elegidos"

1 comentario:

  1. muy oscuro el poema, soledad y habitaciones, cada uno tenemos una. Pero con el tema de habitaciones y tal no he podido dejar de acordarme de una peli "four rooms" ;) ¡Un saludo!

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